¡QUÉ noche tan entrañable! Nunca antes había tenido la suerte de acudir a la presentación de un libro tan cargada de ingenio y solidaridad en el ambiente. El salón de actos de SAFA acogió el viernes un acontecimiento que, para los que nos dimos cita, supuso un antes y un después. Sin ninguna duda. Debemos reconocer que en nuestras vidas hay momentos que te marcan para siempre, y esos momentos existen, puedo dar fe. Antonio Muñoz Cuenca presentó su último libro: Paisajes y paisanaje. Texto embutido de verdad, de cercanía y de solidaridad. A partir de ahora, para conocer la historia más reciente de El Puerto será necesario acudir al texto de Muñoli.
Paisaje y paisanajes es una auténtica delicia, créanme si les digo que compré el libro el viernes y sin pausa el sábado me lo bebí de un tirón. No sólo está bien escrito, sino que a través de sus páginas encontré lo que buscaba: El Puerto en su estado más puro; sus calles, su léxico, sus costumbres, sus gentes. Todo un compendio del sentimiento más aledaño y más sincero. Conozco a Muñoli desde que tengo uso de razón, y ello por pertenecer a la extensa y grata familia de la enseñanza, y lo recuerdo en clave política cuando ya observaba de ‘motu propio’ el devenir de nuestra ciudad. Su labor como concejal de Cultura, su buen hacer en cuanto al Orfeón Portuense y su dedicado esfuerzo en hacernos llegar a través de la imagen y el sonido, lo que se cuece tras las bambalinas del barrio alto, le hacen merecedor de mi aprecio.
Su vida ha sido un puro aprendizaje. Un ir y venir a las fuentes de nuestras raíces. A Antonio siempre le interesó poco el envoltorio de las cosas, y hurgó a su manera en las entrañas de nuestros vecinos y en los lugares que habitaron. Por eso, por acercarnos a personas y paisajes; a seres humanos inimitables; a olores y a sabores inconfundibles; a situaciones únicas e irrepetibles, es mucho lo que los portuenses le debemos a Muñoz Cuenca.
Como ya hiciese en la columna que dedicara a mi padre, me vienen a la memoria esos versos de León Felipe: Ser en la vida romero/ romero sólo que cruza/ siempre por caminos nuevos;/ ser en la vida/ romero,/ sin más oficio, sin otro nombre/ y sin pueblo…/ ser en la vida/ romero…romero…sólo romero. Un abrazo amigo Antonio y gracias por este trocito de humanidad que nos has regalado.

Enrique Bartolomé

Diario de Cádiz. 4 de junio de 2008.