La cultura es fuente de vida para los pueblos. Esta frase me la enseñó hace 25 años el maestro Antonio Muñoz Cuenca, cuando tuve el honor de trabajar como colaborador suyo, siendo concejal andalucista de Cultura durante la primera corporación democrática. Desde entonces he tenido la curiosidad de seguir la trayectoria del profesor Muñoz Cuenca e incluso he hecho por conocer de su actividad anterior, como portuense entusiasta. He podio comprobar que siempre salen dos palabras a relucir, como constante, durante todos estos años: amor y cultura. Amor por El Puerto y trabajar por cuanto suponga enaltecer la cultura de la ciudad que lo vio nacer. Antonio tuvo la suerte de dirigir la gestión cultural de El Puerto, con más ganas, ilusión y esfuerzo que medios, poniendo en marcha los mecanismos que sentaron las bases en democracia de la promoción de la cultura en nuestra ciudad, desde aquel primer ayuntamiento surgido de las urnas. Pero Antonio, además, le ha puesto ganas y estudio al flamenco, como socio fundador de la Tertulia Flamenca Tomás El Nitri; a la música, como socio fundador del Orfeón Portuense, y luego dirigiéndolo; al Patrimonio Histórico, como socio fundador de Alcanatif, la Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico Portuense; organizó en su momento el homenaje que la ciudad de El Puerto le tributó a su poeta mas universal, cuando Rafael Alberti vino a reencontrarse con su ciudad natal.
Ha publicado infinidad de artículos periodísticos sobre costumbres populares portuenses; ha recopilado, incluso, multitud de vocablos y expresiones orales de El Puerto y la zona y en los últimos tiempos nos deleita con programas sobre antropología local, gracias a las ondas de Telepuerto. Antonio es una persona que tiene muy mamado el sentido del humor de Muñoz Seca. Que como hombre del sur del sur no tiene un exagerado sentido del ridículo, lo cual dice mucho de su inteligencia. Que ha sabido reírse de si mismo y con los demás. Que ha puesto mucho en ayudar a mucha gente. Que tiene a muchos ex alumnos que le recuerdan con verdadero afecto. Y que quizás el profesor Muñoz Cuenca no haya sido lo suficientemente entendido. Creo que El Puerto tiene una deuda de gratitud hacia este vecino. Una deuda que él no reconocerá nunca, porque ama a El Puerto como un hijo a su madre. Y Antonio ama a El Puerto como su segunda madre. A su madre biológica la quiso mucho, mientras vivió, porque supo lo que era pasar dificultad para sacar a sus hijos adelante, desde un partidito de la época en la calle Santa Clara. Reconozco que siento una admiración cierta por Muñoli. Siempre he reconocido en él esa pasión por El Puerto. Esas ganas de conocer cosas de su ciudad y divulgarlas. Esa entrega a cuantas causas necesitan de su concurso. Antonio supo acrecentar en mí el sentimiento de querer y apasionarte por la ciudad en la que naciste. Pero siempre con amplitud de miras, sin estrecheces localistas. Porque El Puerto ni acaba en la Sierra de San Cristobal ni en el cantil del muelle, camino de las Américas. El Puerto es, creo que me dijo Antonio, una perla de cosmopolitismo, para desde aquí, o adonde fueres, entender el mundo. Y ahí sigue, el profesor, enseñando, mostrándonos a todos, a traves de las aulas de la tele, cómo éramos para que nuestros hijos puedan saber, algún dia, donde están nuestras raíces.

JOSÉ MARÍA MORILLO. Diario de Cádiz.

ROMA, 22 octubre 2006

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